Liderazgo en la empresa familiar: nuevos modelos para el siglo XXI

Cambios en el liderazgo en la empresa familiar para sobrevivir

El 90% de las empresas familiares desaparecen en la tercera generación. Es muy probable que este dato te sorprenda, y no es para menos: los esfuerzos de muchas personas se ven truncados cuando una empresa familiar (que hasta ahora había funcionado perfectamente) no llega a pasar a manos de los biznietos. Se impone tomar las riendas e invertir esta tendencia: un nuevo estilo de liderazgo en la empresa familiar es necesario, imprescindible incluso, si deseamos que se mantengan durante décadas y siglos. Es fácil decirlo, no tanto hacerlo… Pero en absoluto imposible.

Si quieres conocer las claves para establecer un liderazgo que lleve a tu empresa familiar al éxito y sobreviva generación tras generación, sigue leyendo: verás que, efectivamente, está a tu alcance.

El nuevo liderazgo en la empresa familiar

“Cambiar todo para que nada cambie”. Estas palabras de Fabrizio Salina, Príncipe de Lampedusa e inolvidable protagonista de la novela “El Gatopardo”, son claves para entender cómo se debe gestionar el cambio del tradicional liderazgo en la empresa familiar para dotarla de un nuevo estilo, más acorde con los tiempos que corren. Mantener la empresa en manos de la familia a lo largo del tiempo (es decir, “que nada cambie”) es sin duda la premisa básica; y al igual que el célebre Gatopardo, lo podemos conseguir cambiando aspectos fundamentales que afectan a la estructura de la empresa en general (en otras palabras, “cambiar todo”). Y en este sentido, el punto de partida sería un concepto fundamental: la profesionalización.

Asegura la continuidad de tu Empresa Familiar

La importancia de la profesionalización

Si hasta la fecha no lo habías tenido en cuenta, a partir de ahora este término debe empezar a formar parte de tu vocabulario y el de tu empresa familiar. Profesionalizar la empresa consiste, como la propia palabra indica, en permitir que sea gestionada de forma profesional: bien desde dentro, dejando la gestión en manos de alguien con capacidad y formación suficiente para hacerlo bien (parte de la familia o contratado/a ex profeso), o de forma externa, a través de empresas de consultoría empresarial. Pero eso no es todo: la profesionalización de la empresa familiar debe tener lugar en la primera generación, para que cuando llegue el relevo las bases sean lo suficientemente sólidas y todo el mundo sepa a qué debe atenerse.

Probablemente ahora estés pensando: “si es mi empresa, ¿por qué no debería gestionarla yo? Si funciona como un reloj y crece como la espuma, será que lo estoy haciendo bien. Y por otra parte, la empresa será un legado para mis hijos y mis nietos, y quiero que la gestionen ellos”. Aunque esta reflexión es lógica y coherente, hay que tener en cuenta algo fundamental: la familia irá creciendo con los años, entrará gente nueva (familia política), y no todos o todas serán aptos para mantener la empresa en su lugar. Por esa razón, establecer un protocolo familiar que permita una gestión profesionalizada y un nuevo liderazgo (distinto al tradicional) para la empresa será la garantía de su permanencia y su éxito en el futuro.

En qué consiste el protocolo familiar

Si investigamos un poco las empresas familiares que se mantienen florecientes desde hace tres generaciones o más, descubriremos un factor común: todas ellas cuentan con un protocolo familiar, bien creado desde el principio, bien sobrevenido cuando han sido conscientes de los riesgos de no tenerlo. Para crear este protocolo, lo primero que hay que hacer es nombrar un gestor: ojo, dicho gestor no debe ser obligatoriamente el que hereda, sino el que mejor lo hace. Y en el caso de que dentro de la familia propietaria no haya una persona válida para el puesto, se impone buscar a alguien externo (o a una firma especializada en consultoría de empresas) que sea capaz de llevarlo a cabo.

Uno de los aspectos básicos en un protocolo familiar es establecer criterios de incorporación laboral, a partir de premisas tan lógicas como la formación o la experiencia. Es deseable, además, que las nuevas contrataciones de familiares sigan una premisa conocida desde siempre como “empezar desde abajo”: es la mejor forma de conocer el negocio a fondo y de aprender que nada se regala, y mucho menos una empresa que ha costado esfuerzo y años levantar.

El protocolo familiar debe contemplar cualquier situación que pueda suponer un problema para la continuidad de la empresa, y prevenirlo de cara al futuro. Por ejemplo, se encarga de establecer una prohibición de los gravámenes sobre las participaciones de los socios: de esta manera, si la empresa familiar sufre un embargo, antes de que entre un socio externo la familia se reserva el derecho de adquirir las acciones de forma prioritaria. También se debe contemplar en él la preferencia del derecho de compra en caso de fallecimiento.

Propiedad interna, gestión externa

Por descontado, la propiedad de la empresa debe permanecer en manos de la familia siempre que sea posible. Como ya ha quedado claro, esto no es incompatible con contar con una gestión externa y profesionalizada. Hablando en plata: la familia conservará la propiedad de la empresa, pero no tiene por qué conservar (y esto debe quedar clarísimo) la toma de decisiones.

A grandes rasgos, con estas claves para establecer un nuevo liderazgo en la empresa familiar tendrás unos cimientos sólidos sobre los que construir un proyecto de futuro, a muy largo plazo. Una reestructuración empresarial puede ser algo duro o complicado, pero si te pones en manos de nuestros profesionales, pronto verás los frutos de tu decisión: tu empresa familiar se mantendrá con fuerza a lo largo de las décadas, superando la “maldición de la tercera generación” y convirtiéndose en todo un referente en lo que a solidez y eficacia se refiere.

Y ahora, ¿crees que es necesario establecer un nuevo liderazgo en la empresa familiar, o por el contrario piensas que el modelo tradicional sigue siendo viable? ¡Danos tu opinión!

Foto: Flickr – Gobierno de Castilla-La Mancha.



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