Sucesión en la empresa familiar: you got the power!

Empresario manteniendo el poder tras la sucesión en la empresa familiar
“Algún día, todo esto será tuyo”. Cuántas veces habremos escuchado estas palabras en el cine, la televisión… Y puede que incluso en la familia. La sucesión en la empresa familiar es siempre un tema de alto voltaje, muy complicado de afrontar sin que alguien salga ofendido o damnificado. Sin embargo, es fundamental hacerle frente cuando llegue el momento (en realidad, antes de que llegue el momento) para evitar que el negocio se vea afectado por nuestra inacción.

Hay quien no quiere aceptar que es el momento pasar el testigo a la siguiente generación, y sucesores que pretenden mandar a una jubilación dorada (y pasiva) a quien ha dedicado toda su vida a su empresa. Ambas posturas son demasiado radicales (y poco razonables): es fundamental hacer las cosas bien para llevar la sucesión en la empresa familiar a buen término, de manera que todos salgan ganando. No dejes de leer este artículo: te sorprenderá conocer todo lo que puedes hacer para lograrlo.

Sucesión en la empresa familiar: el problema del poder

Pasar el “bastón de mando” a la siguiente generación es algo complicado. Seamos sinceros: a todos nos gusta tener el poder, sea en la presidencia de una empresa, sea con el mando de la tele. Aunque muchos empresarios que llevan décadas al frente de un negocio sueñan con retirarse y descansar, esto es algo mucho menos llevadero de lo que parece. La sensación de “dejar abandonada” a la compañía en manos de alguien que la va a gestionar peor que nosotros (incluso aunque se trate de nuestros propios descendientes) es algo que no se puede controlar. Sin embargo, existe una vía intermedia que puede ser la solución a este conflicto: pasar el testigo (y el mando) a la siguiente generación sin perder el control, o por lo menos, manteniendo una parte fundamental de este.

El “bendito” protocolo familiar

Cuando se afronta una sucesión en la empresa familiar, el concepto “protocolo familiar” se convierte en el centro alrededor del cual gira toda la actividad. Este protocolo será básico para desarrollar un “manual de instrucciones” mediante el cual la sucesión será lo menos traumática y más beneficiosa posible. Por supuesto, contar con los servicios de una consultoría empresarial formada por profesionales serios y competentes se convierte en una prioridad: en Leialta ponemos a tu servicio toda nuestra experiencia, para que tu empresa cuente con el protocolo familiar más adecuado.

Dentro de dicho protocolo, existen varias opciones para que quien cede el testigo conserve el poder. Y las premiadas son…

Acciones de oro y empresas patrimoniales

    • Mediante una acción de oro. Las acciones de una empresa no tienen siempre el mismo valor: algunas valen más que otras. Al retirarse, el padre/madre que hasta ese momento mantenía el control pasa sus acciones a los sucesores, pero conserva una (o más de una) de las que más poder atesoran. Esta vía permite que quien cede el testigo pueda evitar que sus sucesores cometan “locuras” o ventas inadecuadas. Sin embargo, el poder se centra básicamente en ese tipo de vetos: otras funciones importantes (compra de equipo y material, contratación de empleados, etc.) pasarían a ser responsabilidad exclusiva de los sucesores.
    • Mediante el traspaso de patrimonio. Si quien se va a retirar del mando de la empresa teme perder su poder adquisitivo tras la sucesión, conviene que antes prepare a su empresa para que el patrimonio acumulado pase directamente a una empresa patrimonial. Algo así como: “yo le doy a mi hijo una empresa que funciona, y me quedo con la mía propia”. Todos contentos.

Despacito… y buena letra

Por si fuera poco, todavía existen otras medidas que conviene valorar (sobre todo por parte de la generación que cede su puesto) a la hora de establecer la sucesión en la empresa familiar. Por ejemplo, se puede crear un “calendario” de plazos que permita una sucesión paulatina, mucho más fácil y llevadera. Este calendario puede determinar que durante un cierto tiempo (cinco años, diez años…), quien se retira mantiene el derecho de decisión y/o veto sobre lo que decidan los nuevos dirigentes. La compra progresiva es otra opción interesante a tener en cuenta: le vendo la empresa a mi hijo y me la va pagando “a plazos”, a razón de (pongamos) un 20% cada año. De esta manera, el sucesor se irá ganando su puesto poco a poco.

Las reglas del juego

El establecimiento de un protocolo familiar permite crear unas “reglas del juego” que garantizarán una transición transparente, cómoda y poco traumática a todas las partes. Y siempre, manteniendo parte del control por parte de quien cede su puesto a las nuevas generaciones. Y ahora, ¿crees que estas opciones son válidas y eficaces? ¿Tienes alguna otra idea que te interese compartir, con relación a la sucesión en la empresa familiar?

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Foto: Cortesía de David Castillo Dominici en Freedigitalphotos.net.



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