
En los últimos meses, la obligación de contar con un protocolo frente a la discriminación por orientación sexual e identidad de género ha cobrado una mayor relevancia en las actuaciones de la Inspección de Trabajo. Cada vez se exige más que este protocolo no sea un simple documento formal, sino un instrumento real de prevención y actuación. De ahí la necesidad de saber si cumple tu empresa con el protocolo LGTBIQ+.
Por esa razón, resulta esencial revisar en qué medida tu organización cumple realmente con esta obligación.
Contexto y exigencias
En primer lugar, la Ley 4/2023, de 28 de febrero, obliga a todas las empresas de más de 50 trabajadores a aprobar, en el marco de la negociación colectiva, un protocolo frente a la discriminación por orientación sexual, identidad o expresión de género.
Este cambio normativo responde a dos factores:
- Factor normativo: el impulso de la normativa europea en materia de igualdad y diversidad, que exige mecanismos efectivos contra cualquier tipo de discriminación.
- Factor social: una creciente sensibilidad en la opinión pública hacia el respeto de la diversidad y la inclusión, que ha convertido esta materia en un aspecto clave de la reputación corporativa y de la gestión de personas.
En este contexto, disponer de un protocolo LGTBI actualizado es tanto una exigencia legal como un elemento estratégico de sostenibilidad interna.
¿Existe el protocolo o se aplica?
Una cuestión clave que muchas empresas deben plantearse es si su protocolo LGTBI es un documento operativo y eficaz o si se trata de un texto estándar sin aplicación práctica.
La experiencia demuestra que una parte importante de las empresas sancionadas sí contaban con un protocolo, pero este era desconocido por la plantilla, estaba desactualizado o no incluía garantías suficientes de confidencialidad y protección.
Un protocolo de estas características no protege a la empresa frente a riesgos legales ni reputacionales.
Problemas más habituales detectados
En la práctica, los errores más comunes en los protocolos LGTBI suelen ser:
- Uso de modelos genéricos, sin adaptación a la estructura interna ni a los canales de comunicación de la empresa.
- Falta de negociación con la representación legal de los trabajadores, lo que invalida el documento ante la Inspección de Trabajo.
- Ausencia de medidas formativas, que convierte al protocolo en un texto desconocido para la plantilla.
- Canales de denuncia poco claros o inexistentes, que no garantizan confidencialidad ni protección.
- Carencia de revisión periódica, lo que impide que el documento evolucione con la organización y la normativa.
Estos problemas reducen de manera drástica la utilidad del protocolo y aumentan el riesgo de sanción.
Señales de que tu protocolo necesita revisión
Existen ciertas situaciones que deben encender las alarmas en cualquier empresa:
- El protocolo fue aprobado hace más de dos años y nunca se ha actualizado.
- No se ha designado una persona instructora o comisión encargada de su seguimiento.
- El documento no prevé plazos de actuación, ni procedimientos internos claros.
- No se ha informado ni formado a la plantilla sobre su existencia.
- Los canales de denuncia no ofrecen garantías de confidencialidad ni protección frente a represalias.
Si tu empresa se reconoce en alguno de estos puntos, probablemente el protocolo no cumpliría los estándares exigidos actualmente.
¿Quién debe gestionar el protocolo?
La normativa no exige en todos los casos la creación de un comité específico, pero sí resulta imprescindible designar a una persona o unidad responsable de la recepción, tramitación e investigación de las denuncias.
Esta figura debe garantizar en todo momento la confidencialidad, imparcialidad y protección de las personas implicadas. La ausencia de un responsable claro es una de las debilidades más detectadas por la Inspección en sus últimas actuaciones.
Formación y sensibilización
Un protocolo sin formación no es operativo. La plantilla debe conocer su existencia, saber cómo activar los canales previstos y confiar en el sistema de protección establecido.
La formación debe dirigirse a todos los trabajadores y, de manera especial, a los mandos intermedios y a las personas con funciones de gestión del protocolo. Solo de este modo se asegura que el documento sea más que una obligación formal y se convierta en una herramienta viva de prevención.
El protocolo LGTBI es hoy una pieza central del cumplimiento laboral en las empresas con más de 50 trabajadores. No basta con disponer de un documento: es necesario que sea operativo, negociado, conocido por la plantilla y adaptado a la realidad organizativa.
Desde LEIALTA acompañamos a las empresas en el diseño, revisión y aplicación de protocolos LGTBI, con un enfoque práctico y estratégico. Nuestro objetivo es asegurar el cumplimiento normativo y, al mismo tiempo, ayudar a construir entornos laborales inclusivos, cohesionados y sostenibles.
Porque prevenir no es solo cumplir: es proteger, cuidar y proyectar una cultura corporativa basada en el respeto y la diversidad.
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